viernes, 3 de abril de 2020

Cuarentena


El reminiscente olor fétido de muertos abandonados pronto desaparecerá,
Las baldosas serán pulidas con hipoclorito,
Y toda la tela chamuscada se ira en el viento como pétalos cenizos diminutos,
Pronto las ciudades se contraerán compungidas,
Mientras los cementerios se estiren cual enredadera viciosa,
Pronto esta noche vagabunda que ha acampado en nuestros hogares terminará,
Y los niños se frotarán los ojos hasta que queden rojos como amapolas maduras,
Y sus labios quebrados recitarán el nombre de sus abuelos y abuelas,
Y seguirán adelante…
Todos seguiremos adelante,
Como haciendo una fila esperando ser atendidos por el destino,
El dolor se marchitará como las flores sobre las mesas,
Y del mismo modo que arrojamos los pétalos mustios y los tallos podridos,
Nos desharemos de la ropa avejentada,
De las fotos que nos cortan la respiración y nos estrujan el pecho,
Pronto desalojaremos este miedo que merodea voraz detrás de la puerta,
Y podremos salir a caminar de la mano,
Podremos besarnos,
Podremos volver a abrazarnos…
Podremos reunir a los sobrevivientes en un gran banquete,
Y recitaremos con amor el nombre de los que partieron sin culpa, sin pena, sin gloria…
Cuando todo esto pase,
Espero poder compartir más de mis días, de mi tiempo, de mi vida…
Así que mantente a salvo, mantente con la puerta y las ventanas cerradas,
Se paciente,
Para compartir nuevamente mi vida…contigo…con todos ustedes.

Caída


El mundo late, vibrante como las venas en mi cuerpo,
Con esa fuerza que me recuerda al deseo caliente en tus dedos,
Ese que se perdió en la peste…
El mundo palpita, toda su energía la siento bullir bajo mis pies desnudos,
Detengo mi paso distraído,
Y puedo sentir ese viento que se quebraba sobre el concreto de los edificios
Y ahora corre libre, indomable seguro de sí mismo,
Como los espíritus de los caídos,
Ellos se levantan como los brotes de trigo,
Erguidos, sin pudor alguno,
Ahora todo se siente más ligero,
Como si las preocupaciones del mundo se hubiesen calcinado en las piras funerarias,
Hoy el horizonte es sólo una ventana grande,
Una a la que me asomo sin temor alguno,
Una de la que voy a saltar, perdiéndome en el trayecto para encontrarte en el pavimento,
Cuando los huesos se hayan quebrado y la sangre sea una flor amorfa en el pavimento,
Podré verte de nuevo,
Podré caminar en el éter acolchado del limbo,
Entrelazando mis dedos con los tuyos,
Como hiedra reclamando las baldosas rotas de las casas abandonadas,
Así volveré a reclamarte sólo mío…
Estaremos juntos como siempre lo soñamos;
Cuando el pavimento colapse contra mi sonrisa serena,
Volveremos a estar juntos como lo prometimos.

Huída


Las venas se agitan
Saturadas de nervios,
Palpitan febriles y con ritmo melancólico,
La sangre no es más que una espesa lava
Que me quema,
Que me consume desde dentro,
Y mi piel se tiñe rojiza como las verbenas,
Y aun así siento que me marchito,
Que estoy remando solo en esta barca,
Que se aleja del otrora puerto sereno de tus piernas,
De esas playas tibias que anidaban en tu pecho,
Tengo deseos de mirar a otro lado,
Pero no sé a dónde,
Pues sólo hay vacío en el horizonte,
No hay más que viento traslucido,
Haciéndose fibroso como el algodón cuando la temperatura baja,
Hoy tengo deseos de ya no sentirme vacío,
De vomitar toda mi ira, toda mi pena, toda mi melancolía,
Ver como se enturbia el agua del planeta,
Y se borra tu nombre de la superficie
Y de todos mis recuerdos
Hoy anhelo sobremanera, ser capaz de seguir adelante por propia cuenta,
A donde me lleve esta corriente sin curso aparente,
A donde tus silencios y ausencias no se me claven como espadas,
En este corazón que ya ha sufrido demasiado,
Hoy me sacudo el calor de tus caricias mustias y hasta caducas,
Como un perro sacudiéndose las pulgas,
Y avanzo lentamente a donde los mendrugos de pan se ofrezcan en abundancia,
Y las caricias se propinen sin condición alguna…
Hoy me marcho con toda mi ropa pero sintiéndome desnudo,
Hoy me marcho con todas mis pertenencias pero sintiéndome desamparado,
Ojalá eso cambie pronto,
En serio lo deseo…en serio lo anhelo.

Bendición


Más allá de donde llega la mirada,
Donde yacen los muertos apilados,
Se levanta el sol con sus rayos retorcidos,
Con su calor relamido,
Que crepita sobre la hierba verde,
Y sobre el lomo de moscas
Que forman nubes ruidosas sobre la carne hedienda,
Pronto el fuego ha de crujir,
Las cenizas volarán libres como versos,
Como esos sueños novicios que albergue en mis años mozos,
Y ahora son solo alucinaciones nerviosas,
Rezagos de fobias decrepitas,
Que se reúsan a desvanecerse en el olvido,
Más allá de las colinas de muertos, tiesos y podridos,
Se levanta el sol con sus rayos tímidos,
Efigies somnolientas,
De esporas coloridas que ruedan hasta mi ventana,
Y se esparcen por la terraza y la sala,
Con esa tozuda intención de una ingle emocionada…
Más allá de las pilas de muertos,
Hay un sol que siempre se levanta,
Como hito de esperanza para los que aún quedamos vivos,
Y para aquellos óvulos fecundados,
Que en el útero de sus madres asustadas,
Sueñan con conocer el mundo más allá de la cérvix dilatada,
Y poder amasar las ruinas de este mundo
Y edificar un nuevo mundo,
Uno más piadoso,
Uno menos podrido…
Más allá de las pilas de muertos, algunos resecos y otros aún tibios,
Se levanta el sol cada mañana,
Y cuando este caos termine, ojalá aprendamos a apreciar la bendición de cada día.

Espera


El mundo mira al cielo,
Ojos lambiscones buscan imágenes descendiendo en bruma blanca,
Otros con los pensamientos aún más trapeados que la cocina de mi abuela,
Ven formas sacras en las nubes,
Manos, crucifijos, una bendición que anhelan con la fuerza de sus entrañas,
Pero no hay nada de eso,
Solo una capa grisácea que se desliza imperturbable del oeste a este,
Y bajo ella aves siempre desafiando la gravedad, siempre altaneras,
Paseándose en libertad y mirando con desprecio a quienes no tienen alas,
El mundo se vuelve más sereno con el pasar de los días,
Y estas piernas aguerridas se van amansando,
Y estas manos irreverentes se van haciendo sumisas,
Incluso mis miradas fieras se van amilanando,
Como león domado con látigo, palo y ayuno…
El mundo allá afuera se ve más grande de lo que lo recuerdo,
Se siente más ajeno de lo que jamás imagine,
Y aquí mis pensamientos se enrollan en si mismos,
Se vuelven capullos, orugas asustadizas,
¿Qué haré mañana?
Si no mirar mis uñas creciendo,
¿Qué comeré mañana?
Si no lo que mi alquímico conocimiento me permita crear en la cocina,
¿En qué pensaré?
Si no en tus manos, en tu piel ungida de deseo,
Y en el dejar que mis deseos perversos se deslicen
Como el óleo y el bálsamo sobre la frente de los creyentes,
Mientras otros miran al cielo buscando respuesta a su tortuoso encierro,
Yo miro al horizonte,
Fantaseando con lo que haré con tu cuerpo,
Mordiendo mis labios y dejando que mi diestra repta por debajo de mi ombligo,
Y la siniestra se desliza por la curva del sacro,
Quiero sentirte en todos los sentidos de la palabra,
Dejar que mis ojos se queden prensados de los tuyos
Mientras nuestros cuerpos se entrelazan como ritmo y métrica…
Cuando todo esto acabe,
Y los labios del mundo den gracias al milagrero,
Los míos se dedicaran a gemir tu nombre…
Con el mismo fervor de sus rezos,
Con la misma dicha de la indulgencia plenaria que el mundo anhela,
Cuando todo esto acabe ya sabes dónde encontrarme…
Sólo ven, aquí te estaré esperando.

Por si necesitas leerlo

Tente paciencia, Ámate, Abrázate, Háblate bonito... Deja que tus pensamientos rueden un rato Y de alli deja que se vayan, Que se pierdan en ...