domingo, 3 de mayo de 2020

Sonriendo

En estos destellos que se niegan a abandonar el mundo,
Me hundo,
Me rindo,
No doy más,
El cuerpo está cansado,
La vista está segada por la claridad del firmamento,
El invierno me parece tan lejano,
Inalcanzable como la cordura,
Inalcanzable como la felicidad plena,
La paz del mundo,
La saciedad del hombre,
La justicia en cada acto…
Parece tan lejano el invierno,
Pero yo no lo olvido,
Por más que mis rimas empiecen a florecer por este cariño,
Por estas manos tibias que me acarician la espalda,
Por estos labios gentiles que me besan el cuello y el pecho,
Por esas piernas sigilosas que se enredan en las mías,
Y esa voz potente que pronuncia mi nombre y un te amo,
Tejidos con la misma madeja,
Atravesando mis oídos sordos,
Atravesando el hueco de mi alma,
El vacío en este corazón que no se haya en esta soleada tarde…
En esta tarde en que sus mirada me confiscan el aliente,
En que su ser se hunde en mi océano,
Yo sigo sintiéndome hijo del invierno,
Uno que me dejado mirando la ventana con angustia,
Aguantando las sonrisas que quieren florecer en mis labios rotos…
Este verano obstinado,
Me ha hecho perder la noción del tiempo,
Ahora huelo a lirio,
A honor y bien y es tan extraño,
Pica en la piel y arde en los músculos rígidos…
¿Qué me has hecho?
¿Es acaso así como se siente ser querido?
Con esa serenidad que florece como en primavera perpetua…
En una en que a veces solo recuerdo mi nombre cuando los pronuncias,
Y sonrío…
Maldita sea, estoy sonriendo.

Nunca más


Me hundo entre los vapores de esta noche,
Me abandono como barco sin capitán…a la deriva,
Esperando que la tormenta se detenga,
Y que mi ser todo encalle en el puerto de tus piernas,
En una bahía donde el verano y la primavera rivalizan todo el año,
En donde pueda reverdecer como los pinos,
Pueda sanar como el cielo del ártico,
Me hundo entre las penas que levantan oleajes salvajes en esta noche,
Con los ojos fijos en los tuyos,
Para no ser sorprendido por sus formas maquiavélicas,
En esta noche en que tus caricias caen como lluvia enardecida,
Prometiendo ser capaz de disolver la sal con que se moldeo mi cuerpo,
Las conexiones entre nervios y culpa en mi alma,
Deja que me hunda en este tiempo que se detiene
Cuando te acercas a mi cuerpo,
Deja que me hunda en la sensación de desalojo odios acumulados,
De inseguridades guardadas con recelo,
Confisca mi razón entre tus gemidos,
Hazme prisionero en esta noche que quiero anclar en la memoria,
En este lecho que quiero volver mi residencia permanente,
Deja que me hunda como mis versos de adolescencia,
Que descanse como las cuchillas sobre muñecas que recobran la razón en un instante,
Deja que me hunda en tus gemidos,
Como tú en mis abismos...
Ahogarme en la paz que me dan tus manos,
Y luego flotaré entre estas sábanas,
Como flotan los espíritus entre este y miles de otros mundos,
Como flotan los globos con alma de helio,
Deja que me hunda en esta calidez plena que me envuelve como oruga,
Y prometo ser tuyo,
Soló tuyo…
Nunca más del miedo,
De él, nunca más.

De l'air


Solía enamorarme como la luna, de noche,
Y desencantarme como los hechizos al llegar la mañana,
Solía estar a la deriva sobre sábanas extrañas,
Como fronteras que uno perpetra sin duda alguna,
Dejando los miedos como ropa desordenada sobre el piso pulido,
Solía ser de muchos como es el viento,
Como es el polen que rueda vertiginoso y se mezcla con cualquiera,
Solía tener tantos nombres que hasta olvide el propio,
Y mis sonrisas eran más fingidas que la fe católica,
Solía masticar las fantasías de muchos,
Sorber los sesos de miles, como el mal sobre el alma del mundo,
Enjuagarme los dientes con promesas vacías,
Y escupirlas sin recato alguno,
Como un borracho violento escupiendo insultos,
Solía mirar a todos como presas,
A las cuales se les da un mordisco y luego se deja el resto a podrirse,
A lloriquear su credulidad siempre lánguida,
Solía acariciar tantas pieles como estrellas en el firmamento,
Imprimiendo deseo con la punta la punta de mis dedos,
Con la dulzura artificial de mi lengua,
Con la rudeza de mi pelvis inquebrantable como la muerte que nos llega a todos,
Solía estar vacío por dentro,
Absorber la luz del mundo en mis pensamientos negruzcos,
Traducirlos en rimas que se columpiaban entre reinos de sadismo y mentira,
Solía ser del mundo,
De quién me mirase con suficiente deseo,
Solía ser como un himno que se clama por legiones,
Con entusiasmo tieso y aguerrido en los pantalones,
Solía ser de cualquiera menos de mí mismo,
Como un poema que se hace público
Y luego quien lo escribió lo refunde en el olvide,
Solía ser del mundo,
Pero ahora soy sólo mío…
De mis versos, de mis afectos, de mis culpas que se exculpan a diario,
De mis temores que he encerrado y a los que latigueo de vez en cuando,
Con la esperanza que me dio el conocerte,
Solía ser del mundo,
De l’air,
De l’air,
Pero ahora soy sólo mío…
Y puedo entregarme sin miramientos,
A ti,
Sólo a ti…
Como la magia a quien la anhela,
Como el credo a quien lo profesa con ahínco,
Solía ser del mundo,
De l’air,
Pero ahoya soy tan mío como me permito ser tuyo,
Y así quiero quedarme.

Vuelo


Pequeño jilguero perdido en la tormenta,
Pequeño cuajo de humanidad que queda en el piso,
Con la ropa rasgada,
Con los sueños brotando húmedos por los ojos,
Con el cuerpo dañado rocas machacadas con odio…
Demasiado vacío para los nueve,
Demasiado usado para los nueve,
Hurgado como un pastel al que le han pasado la lengua sin recato,
Como este firmamento propenso a la tristeza,
Como estos puentes que invitan a los suicidas,
Pequeña ave que huye en plena tormenta,
Borracha de culpa,
Ensangrentada como la tierra después de la guerra,
Buscando una isla tranquila,
Donde la soledad lama la tierra,
Como tierra salada,
Donde curar sus heridas abiertas,
Donde esconder culpas de otros que ahora hace suyas,
Pequeño jilguero que vuela en el mar de incertidumbre,
Sobre cuchillos que flotan sobre las olas,
Apuntando a sus alas, a su cuello,
Con esa seducción que resulta difícil de ignorar,
Pues se ve tan dulce,
Pequeña ave herida que vuela con los ojos cerrados,
Aleteando hasta fatigarse,
Y esperando caer sobre rocas enhiestas,
Y romper lo poco que ya le queda,
Y darse finalmente a este destino,
A ese olvido que grita su nombre,
A beber sin cesar,
Agua de flores de azahar…
Pequeño jilguero vuela aun estando asustado,
Sigue aleteando aun cuando está cansado,
Demasiado vacío para los nueve,
Demasiado usado para los nueve,
Esperando impactarse con las paredes invisibles de la muerte,
Y por fin rodar como su inocencia acribillada,
Sobre la pintura desgastada del olvido…
Pequeña ave rota por dentro,
Esperando el fin de su viaje,
A beber sin cesar,
Agua de flores de azahar…
Para calmar su corazón en añicos,
Para darle paz a su alma maniatada, amordazada, y mutilada,
Pequeño jilguero que sigue su camino,
Espero encuentres las paz que buscas,
Espero encuentres la paz que necesitas.

Martin


Martin hey, hey, Martin
                                                                                  (Creo que sigo aquí)
Martin ¿Acaso no me oyes llamarte, Martín?
(Quizás siga aquí)
Martin, sabes que eres el único.
(Sí aún estoy aquí)


Pague los pecados de otro con mi propia alma,
Esculpe sus culpas con mi inocencia,
Ofrendándola sobre su lecho sin conocimiento alguno,
Con ojos suplicantes,
Con labios cerrados con rudeza,
Con manos amarradas con firmeza,
Luego cuando el espíritu yacía quebrado en una cama desordenada,
Y mis pensamientos suplicando piedad en un rincón de mi mente,
Tiritando ensangrentado en sabanas ásperas,
Como la arena, como sus manos…
Ya libre de las amarras de sus deseos,
Recogí mis ropas y seguí con mi llanto silencioso,
Deje que el tiempo me reconstruyese por dentro y por fuera,
Deje que los sueños de un futuro excomulgaran los recuerdos del pasado,
Pero me perdía a mí mismo…
Y cuando note que era frío como el invierno,
Ya era tarde,
Y cuando note que era voraz como el mismo tiempo,
Ya era tarde.

¿Dónde? ¿Dónde diablos estás Martin?
¿Por qué no puedo verlo?
Sólo quiero verlo,
¿Por qué no puedo verlo?
Sólo quiero verlo.
¿Dónde? ¿Dónde diablos estás Martin?

Años pase garabateando sonrisas falsas en mis labios,
Años pase reprimiendo mis manos de tocar a otros,
Dejando que la soledad me lamiese con tanto o más sadismo que mi atacante,
Dejando que la piel se volviese dura como la vida misma,
Escondiéndome en la generosidad de mis rimas,
En la ternura de mis fantasías,
De esos abstracciones meditadas con los ojos abiertos,
Insertadas en mi subconsciente como un virus beneficioso,
Años dedique a sentirme limpio,
Rascando mi piel hasta volverla rojiza como los pétalos de las amapolas,
Respirando profundamente sin dejar de contar para que mi cuerpo se sede,
Como un mar cuando el sol mira con desprecio el mar y este huye despavorido,
Años pase reconstruyéndome como un castillo de arena,
Derrumbándome por el soplido de recuerdos violentos,
Que se escapaban de las prisiones de mis entrañas,
Años pase hundido en una pena que se maquilla
Como un ojo amoratado,
Como la honra de una familia que se negó a creer en mis palabras,
Y en mis ropas ensangrentadas.

¿Dónde? ¿Dónde diablos estás Martin?
¿Por qué no puedo verlo?
Sólo quiero verlo,
¿Por qué no puedo verlo?
Sólo quiero verlo.
¿Dónde? ¿Dónde diablos estás Martin?

Mi espalda se rompió de cargar una culpa ajena,
Mi sonrisa se deformó mutante de tanto fingirla,
Y allí en un suelo frío,
En una cama donde dejé que anidasen mis lágrimas,
Me quedé esperando a quién me oyera,
A quién me abrazará sin juzgarme, solo con ternura,
Que me pidiese disculpas por el mal del mundo,
Y allí me quedé esperando a sanar por completo,
A que esa culpa se hiciese costra y se cayera,
Que mi piel renaciera como todo en primavera,
Mis ojos no resistieron el peso de este diluvio que concentre en mi mente,
Y lo deje fluir, como fluye la vida misma,
Como fluye el tiempo,
Como fluye el perdón cuando uno llega a aceptar que el pasado es inalterable,
Que no hay quién pueda salvarme sino yo mismo…
Desempolve mis rodillas dobladas acalambradas de rezarle a quien no existe,
Levante la cerviz que yacía bajo el yugo de mis lamentos,
Y decidí darme la oportunidad de perdonarme
De perdonar las circunstancias, de perdonar al verdugo,
Me decidí a seguir viviendo.

Martin ¿Acaso no me oyes llamarte, Martín?
                                                                                  (Creo que sigo aquí)
Mi mundo se derrumba. No puedo verte, te necesito ahora mismo.
(Quizás siga aquí)
Martin, no sigas huyendo!
(Sí aún estoy aquí)

No sigas huyendo, no sigas huyendo, no,
No sigas huyendo, no sigas huyendo, no,
¿Dónde está Martin?
Sabes que te necesito ahora mismo,
¿Dónde está Martin?
(Sólo tenía miedo y hui)
(Aquí estoy, nunca me fui)
(Sí, sigo aquí)


Nota: Inspirado en la canción Maria de Christina Aguilera de su Album Liberation, 2018. La habia escuchado miles de veces pero recién hoy me animo a abrir mis recuerdos.

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